lunes, 7 de mayo de 2012

La verdad existe.


Tenemos que saber sin ninguna duda que la verdad realmente existe, y que esta no es relativa o está sujeta bajo ningún aspecto a lo que de ella se piense.
Por esta razón casi todos los miembros de los sectores urbanos podemos con toda confianza hacer uso de los semáforos, porque todos vemos y deducimos de lo que vemos lo mismo, y así podemos todos aquellos que vivimos en las ciudades transitar -si respetamos debidamente las leyes- por nuestras calles de una forma segura tanto para nosotros mismos como para todos los demás.
A propósito, se considera verdadero e irrefutable que vivir sanos es mejor y más conveniente que vivir enfermos.
La práctica cotidiana y consciente del bien (honestidad, solidaridad, respeto, humildad, templanza, ecuanimidad, perseverancia, fe, lealtad, etc.) trae con el tiempo la salud y el bienestar a nuestras vidas. La ausencia de la práctica cotidiana y consciente del bien en nuestras vidas nos arrastra inevitablemente hacia la enfermedad y la consiguiente extinción.
Sólo con sincero amor reinando en nuestros corazones se puede efectivamente conseguir la habilidad y la disposición de cotidiana y conscientemente poder practicar el bien, llenando con su práctica la rutina de nuestras existencias.
La alegría (lo agradable), al igual que la tristeza (lo doloroso), es un estado de ánimo. La alegría y la tristeza son energías circunstanciales. Uno NO las escoge por voluntad.
En cambio, la felicidad (lo constructivo, lo vital), al igual que la vileza (lo destructivo, lo tóxico), es una opción de vida. La felicidad y la vileza son energías voluntarias, porque uno por propia voluntad las escoge.

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